domingo 22 de enero de 2012

Anécdotas curiosas (y absurdas) 2

Hoy creí haberte visto.
Yo iba en el autobús, en el último asiento del fondo, como todos los días, camino del trabajo.
Se detuvo en una parada y entonces te ví.

Tú, corrías para llegar a tiempo de cruzar la calle.

Los pensamientos se agolpaban en mi mente...¡no, no podías ser tú!...¿Qué hacías en Granada?
Miré y remiré..., te confundías entre la gente, y no lograba verte con claridad. Dudaba de si mis sentidos me traicionaban.
La feliz coincidencia de que el mismo día en que había recogido tu carta del buzón también me regalara tu presencia hacía que un escalofrío recorriera mi pequeño cuerpo.

El semáforo cambió a rojo y conseguiste subir a tiempo al autobús, ¡a mi autobús!

Volví a buscarte con la mirada, esperaba (deseaba) ver aparecer, entre la multitud que habitaba el autobús, los rasgos inconfundibles de tu rostro.

La duda, la impaciencia, aceleraban el ritmo de mi corazón... ¿eras tú?

Por fin, pudiste cruzar hasta la mitad del autobús y pude verte, fugazmente, mientras tomabas asiento, de espaldas.

Otra vez volví a dudar de mis sentidos.
Tenía que cerciorarme, faltaban un par de paradas para llegar a mi destino, así que me armé de valor y decidí ir hasta tí.

Molesté a la persona que se sentaba a mi lado, para poder salir, y me dirigí hacia donde estabas, con paso firme, aunque sin saber qué te iba a decir.

Me deslicé, serpeando entre la gente como por una selva frondosa, hasta conseguir llegar delante tuya y balbucear un simple: "¡hola!"

La expresión de tu cara transmitía serenidad y confianza, tus ojos examinaban cada detalle de mi rostro..., parecían buscar algún dato que le revelara un tiempo pasado.

De repente, el autobús frenó bruscamente, te sonreí mientras te decía "ésta es mi parada" y me dirigí hacia la puerta de salida, sin esperar una respuesta.

Bajé del autobús, respiré profundo y me dispuse a seguir con un día más, rutinario..., pero feliz por la ilusión de una posibilidad.
Mi corazón aún tardó un rato más en volver a su ritmo habitual. ^_^

lunes 2 de enero de 2012

Caminar por el 2012

Haciendo repaso del 2011, y mirando hacia el 2012 que acabamos de comenzar, la canción "Caminando" de Amaia Montero lo resume muy bien:


Por eso, en este 2012, te deseo:

- Que camines por tu vida (Vívela!!).
- Que en ese caminar te encuentres con Su mirada.
- Que nunca renuncies a jugar tus cartas.
- Que sea la voz de tu corazón la que habla.
- Que tu respiración sea profunda, signo de que estás vivo.
- Que cuando no veas con claridad, mires hacia arriba.
- Que tengas esperanza en que "queda camino por andar".
- Que las huellas del pasado supongan un crecimiento para seguir caminando.
- Que las riendas de tu vida estén en tus manos (y en las Suyas). Si aún no las tienes, cógelas!
- Que en las penas y alegrías te encuentres con Él, para que te de la luz para discernir qué supone en tu caminar.
- Que descubras quién eres (y quién quieres ser) para que puedas ser TÚ MISMO, eso es lo mejor (Él me lo dijo).
- Que mires hacia adelante, con los ojos puestos en el horizonte, para "no perder jamás el rumbo".
- Que comprendas que lo importante no es lo que uno tiene, sino saber lo UNO VALE.
- No te deseo que no te caigas, ya que lo importante no es cuánto ni cuántas veces caigas, sino cómo te levantas... (si puedo ayudarte, aquí estoy!)
- Que te abras a este nuevo año con confianza y que..."venga lo que tenga que venir".
- Que tu mayor propósito en este nuevo año sea SER FELIZ y... lo seas !!!!
Todo esto es lo que me propongo yo,... en tu compañía !! ;-)))


martes 6 de diciembre de 2011

¿Para qué sirve un minuto?


Un minuto sirve para sonreir: sonreir para el otro, para ti y para la vida. Esa sonrisa transmite más que mil palabras.

Un minuto sirve para ver el camino, para sentir el perfume de una flor, para percibir la transparencia del agua, para escuchar el canto de los pájaros...

Se requiere apenas de un minuto para evaluar la inmensidad del infinito, aunque sin poder entenderlo.

Es en un minuto en que uno dice el "sí" o el "no" que cambiará toda su vida.

Un minuto para reencontrarte con un viejo amigo y para descubrir a uno nuevo.

Un minuto para sentir la responsabilidad pesar en los hombros, la tristeza de la derrota, la amargura de la incertidumbre, el hielo de la soledad, la ansiedad de la espera, la marca de la decepción, la alegría de la victoria,...

En un minuto se puede amar, buscar, perdonar, encontrar, compartir, esperar, creer, besar, ser...

En un simple minuto se puede salvar una vida.

Tan sólo un minuto para incentivar a alguien o desanimarlo.

Un minuto para comenzar la reconstrucción de un hogar o de una vida.

Basta un minuto de atención para hacer feliz a un hijo, a un padre, a un amigo, a un alumno, a un profesor, a un paciente, a un compañero de trabajo, a ...

Un minuto... cuántas veces los dejamos escapar sin darnos cuenta... pero también... cuántas veces traemos a nuestras vidas los recuerdos de los minutos vividos llenos de felicidad, de
tristezas y alegrías... de vida compartida.

Decimos "un minuto" y nos parece nada...
Pero cómo se aprecia ese minuto al despedirnos de un amigo que se va, cómo se valora ese minuto que hace que lleguemos tarde a nuestros trabajos, cómo se espera ese minuto que nos lleva a reunirnos con los que amamos, cómo nos llena de emoción ese minuto en que nos entregan a nuestro hijo (o sobrino) al nacer, y cómo deseamos que la vida le otorgue más minutos a quien la muerte separará físicamente de nosotros y no veremos más.

Un minuto... parece increíble... parece tan poquito y sin embargo, puede dejar una huella tan tan profunda en nuestra vida.

Alguien dijo una vez: "Vive cada minuto como si fuera el último"...
Si todos recordáramos esa frase a diario, si cada día al levantarnos fuéramos conscientes de que se nos han regalado 1440 minutos ese día... aprenderíamos a vivir la vida intensamente, con autenticidad.
Aprenderíamos a no posponer las emociones más lindas de la vida pensando "si no es hoy será mañana".

Que el reloj de tu vida marque cada minuto al compás de los latidos de tu corazón... y no esperes para ser feliz.

miércoles 2 de noviembre de 2011

Un plan de Dios

Los cristianos afirmamos que nuestra existencia actual forma parte de un gran designio de Dios. La solemnidad de Todos los Santos (TODOS, canonizados o no) y el recuerdo de nuestros familiares, amigos, conocidos... difuntos nos invitan a meditar éstas que son las últimas palabras de nuestro Credo: "Creo en la vida eterna". Y al hacernos, una vez más, las preguntas radicales que se plantea, más o menos conscientemente, todo ser humano: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? Nuestra actual vida mortal, como la misma Encarnación del Hijo de Dios, sólo tiene sentido si está encaminada a la resurrección. "Si la carne no huiera de salvarse -escribía en el siglo II San Ireneo- el Verbo de Dios no se habría hecho carne" En efecto, ¿por qué habría asumido el Hijo de Dios una humanidad carnal si luego debía abandonar esa humanidad a la corrupción? El mensaje cristiano no habla sólo del pasado. Está inscrito en el pasado, concierne al presente y nos abre al futuro. La persona está hecha de estas tres dimensiones. Una vida humana sin futuro, sin esperanza, no tiene sentido. Por eso en este día, recuerdo, especialmente, muchos nombres, caras, momentos compartidos (buenos o malos), sonrisas, miradas, gestos, detalles de sus vidas,... de familiares, amigos, conocidos, que ya nos están en este mundo... pero sí están, siguen estando en la Vida... y con los que un día me reencontraré. A todos ellos les doy las GRACIAS por haber formado parte de mi Vida.

lunes 15 de agosto de 2011

Orad

Orad siempre, pero sobre todo, orad "de noche".
Cuando no se escucha, cuando no se siente, cuando ni siquiera se intuye... orad !
Porque como dice el salmo 120:
No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.
El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y siempre.
Somos seres torpes, inmaduros en todo: en la vida, en la fe, en la fe en la vida y en la vida de la fe.
Pero Él lo sabe y nos acompaña con infinita y amorosa paciencia..., por nuestra parte sólo tenemos que orar en todo momento, y más aún, "de noche".

martes 2 de agosto de 2011

Una gran intención

Me fui a los Ejercicios Espirituales Personalizados con esta gran intención:

Dame, Señor, la transparencia

de la luz sobre el cristal,

que nos refleja su esencia,

y nos muestra "su verdad".

Sana mis ojos cansados,

que no aciertan siempre a ver

destellos de lo sagrado

en cualquier acontecer.

Devuélveme esa mirada

"de aquellos ojos de ayer",

que en la verdad de mi nada

manifiesta más tu Ser.

Que deteste la doblez

del disimulo enganoso,

que aprecie la sencillez

de un corazón generoso.

Que pase por esta vida,

con los sentidos despiertos,

absorta y sobrecogida,

con los ojos abiertos,

para descubir tu "huella",

latente en la Creación,

en lo bello de una estrella,

y en la paz de una canción.

y he de decir que he vuelto renovada !!!

¡¡Gracias, Señor!!

martes 17 de mayo de 2011

Aquello que...

Aquello que no eres capaz de aceptar es la única causa de tu sufrimiento. Sufres porque no aceptas lo que te va ocurriendo a lo largo de tu vida y porque tu ego te hace creer que puedes cambiar la realidad externa para adecuarla a tus propios deseos y necesidades egoístas y egocéntricas. Pero la verdad es que lo único que sí puedes cambiar es la interpretación que haces de los acontecimientos en sí, conociendo y comprendiendo cómo funciona tu mente. Si la interpretación del hecho te reporta sufrimiento es que actúas movido por la ignorancia; si te deja paz interior o te trae armonía y satisfacción, no cabe duda de que actúas movido por la sabiduría. Ante el sufrimiento, el miedo, la tristeza o la angustia, hazte una simple pregunta: ¿qué es lo que no estoy aceptando? La respuesta te hará comprender que la limitación que origina todas estas desagradables reacciones está en tu propia mente y no en ninguna otra parte. En realidad nadie puede hacerte daño: tu ego es el que te hace reaccionar automática y negativamente ante lo que te sucede, te dicen o te hacen. Tu ego es el único responsable de tu malestar interior, por mucho que te esfuerces en buscar culpables fuera de ti mismo. Cuando compruebas la veracidad de estas afirmaciones a través de tu experiencia personal, dejas de intentar cambiar la realidad externa para acomodarla a las exigencias de tu ego y comienzas a trabajar sobre tu realidad interna para aprender a aceptarla tal como es. A partir de entonces comprendes que has venido al mundo a aprender a ser feliz por ti mismo y a aceptar y amar a los demás tal como son.
Éste es el llamado camino espiritual. Gerardo Schmedling Del libro “Encantado de conocerme. Comprende tu personalidad a través del Eneagrama”. Borja Vilaseca. Ed. Plataforma. Barcelona. 2007