Aquel que empezó como un día gris, insulso, corriente, como tantos o

tros,…uno más, se transforma en un día con miles de tonalidades, todas ellas embriagadoras, y de repente sientes como si todo en el cosmos tuviera sentido.
Como por arte de magia, se convierte en un día… diferente.
¿Qué ha pasado?... algo inesperado… un encuentro especial.
¿Qué lo hace especial?... en un periodo muy corto de tiempo (segundos, una decena de minutos, como mucho) aunque te parece más, descubres a esa persona que no conocías antes pero que al momento te resulta familiar, ocurriendo miles de detalles, tan significativos para ti que te parece irreal, un sueño, un sueño del que no quisieras despertar, o al menos, alargar un poco más.
¿Y por qué en ese momento?... precisamente eso es lo que lo hace único,

el hecho de que simplemente… ha ocurrido, sin que te lo propongas.
Sin pensar ni planear ha fluido la conversación, como el agua que se desliza suavemente por su caudal, se intercambian sonrisas cómplices que traducen mucho más que las palabras y se cruzan las miradas… inquietas por pensar que puede ser un espejismo, como aquel que en mitad del desierto ve esa fuente de agua que tanto estaba necesitando y que te da la vida.
Y te preguntas, ¿cómo puedes llegar a esa conexión tan fuerte, mágica, con esa persona que, aunque te parezca mentira, no conocías antes?
Después que pasa ese encuentro queda el recuerdo y como queriendo poner un ápice de sensatez en todo ello, piensas “quizás no te vuelva a ver más pero…
te he conocido”, sintiendo una felicidad que te sobrecoge, casi plena, en lo más profundo de ti, y agradeciendo a la vida la oportunidad de sorprenderte de esa manera…
Estas palabras inspiradas, te las dedico a ti… con quien me encontré:
Brota espontáneo
en un instante,
un encuentro especial
en alguna parte.
De la confusión
surge la conversación,
se cruzan las miradas
que silencian las palabras.
Aqueste encuentro
de otros venideros,
planta la semilla
que regará el recuerdo.
...¿te ha pasado a ti también?