Hoy creí haberte visto.
Yo iba en el autobús, en el último asiento del fondo, como todos los días, camino del trabajo.
Se detuvo en una parada y entonces te ví.
Tú, corrías para llegar a tiempo de cruzar la calle.
Los pensamientos se agolpaban en mi mente...¡no, no podías ser tú!...¿Qué hacías en Granada?
Miré y remiré..., te confundías entre la gente, y no lograba verte con claridad. Dudaba de si mis sentidos me traicionaban.
La feliz coincidencia de que el mismo día en que había recogido tu carta del buzón también me regalara tu presencia hacía que un escalofrío recorriera mi pequeño cuerpo.
El semáforo cambió a rojo y conseguiste subir a tiempo al autobús, ¡a mi autobús!
La duda, la impaciencia, aceleraban el ritmo de mi corazón... ¿eras tú?
Por fin, pudiste cruzar hasta la mitad del autobús y pude verte, fugazmente, mientras tomabas asiento, de espaldas.
Tenía que cerciorarme, faltaban un par de paradas para llegar a mi destino, así que me armé de valor y decidí ir hasta tí.
Molesté a la persona que se sentaba a mi lado, para poder salir, y me dirigí hacia donde estabas, con paso firme, aunque sin saber qué te iba a decir.
Me deslicé, serpeando entre la gente como por una selva frondosa, hasta conseguir llegar delante tuya y balbucear un simple: "¡hola!"
La expresión de tu cara transmitía serenidad y confianza, tus ojos examinaban cada detalle de mi rostro..., parecían buscar algún dato que le revelara un tiempo pasado.
De repente, el autobús frenó bruscamente, te sonreí mientras te decía "ésta es mi parada" y me dirigí hacia la puerta de salida, sin esperar una respuesta.
Bajé del autobús, respiré profundo y me dispuse a seguir con un día más, rutinario..., pero feliz por la ilusión de una posibilidad.
Mi corazón aún tardó un rato más en volver a su ritmo habitual. ^_^

