jueves, 27 de septiembre de 2012

Culpable

La distancia en el tiempo y el camino recorrido te dan la perspectiva suficiente para ver con mayor claridad -si cabe- tus acciones.
Para emprender una tarea de tal embergadura es necesario grandes dosis de humildad y sinceridad con uno mismo.
Por eso, no he de titubear al reconocer que soy:

- Culpable de despertar cada mañana con la esperanza de que ese día sea "el día menos pensado".
- Culpable de entregar el alma a quien no la quería.
- Culpable de alimentar un sueño, de soñar con tu sueño.
- Culpable de mostrar solo aquello que no duele.
- Culpable de creer saber lo que sentías.
- Culpable de poner al mal tiempo buena cara y de estar a las duras y a las maduras.
- Culpable de contar contigo para ser feliz.
- Culpable de ser la pieza que encaje en tu puzzle.
- Culpable de haber aprendido a no ser yo misma, sino un reflejo de ti.

Pero también:
- Culpable de no acostumbrarme al peso de la desdicha.
- Culpable de no poder vivir de la apariencia.
- Culpable de anteponer la sinceridad al "qué dirán".
- Culpable de quererte de más y no echarte de menos.
- Culpable de darle otra oportunidad al amor, y a mi misma.

Aunque a primera vista esto pueda parecer una confesión, me adelanto a aclarar que no es así. Ni mucho menos. Porque un requisito imprescindible para que fuera, sería el arrepentimiento... y yo no me arrepiento! 

No, no puedo arrepentirme de ser cómo soy, de confiar, de entregarme, de amar, de buscar la felicidad, de esperar... en definitiva, de vivir.

Solo puedo... con la luz del presente, mirar hacia el futuro.


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